Eran ya cinco minutos después de la hora señalada para la entrada. Apresuré el paso para poder acortar aunque fuese ilusoriamente la ya muy poca distancia que me separaba de mi oficina. Afortunadamente el elevador acababa de llegar y casualmente (aleluya) también tenÃa programado el piso al que yo debÃa subir. Ya en mi cubÃculo [...]










