Mujer sobre mujer (II parte)
Lee la primera parte del relato aqui.
“094######, Lisa”. Habían pasado dos semanas desde aquel beso. Perla no se atrevía a marcar ese número. Lisa. El nombre de la chica de rizos dorados con olor a manzanas. Sabía que si no daba el siguiente paso todo quedará ahi, su heterosexualidad quedará a salvo. Suficiente y demasiado fue ese beso lésbico. Sin embargo, no había día en que no lo recordara. Cada vez que esa escena volvía a su cabeza, buscaba a su novio y hacían el amor frenéticamente. Pero él no estaba esa noche. Estaba sola. Con el pequeño papel en sus manos. Excitada, no dejaba de recordar los hilos ensortijados de oro que nacían de las sienes de Lisa. Sus manos rozando sus muslos. Esa suavidad que nunca había sentido. Los generosos pechos de Lisa que se aplastaban contra los suyos. Confusa, Perla decidió botar ese papel y olvidar el episodio en el baño de damas. Llamó a su novio. La contestadora indica que él ya apagó el celular. Con el teléfono en sus manos, robóticamente, marcó el número de Lisa, que había aprendido de memoria…
Veinte minutos después, las dos se encontraron en una esquina. Lisa se veía más hermosa de lo que recordara Perla. Había cepillado sus rizos, ahora era tan lacia y lisa como su nombre. Pero Lisa no era nada lisa de pecho. Era bastante voluptuosa. Perla era más bien magra. Ambas altas, femeninas, delgadas, caminaban nerviosas. Perla se dejó dirigir, hasta llegar a casa de Lisa.
Una vez guarecidas de las miradas inquisidoras, con la puerta cerrada y la complicidad de esa privacidad, Lisa y Perla empiezan a besarse, hambrientas. Había mucha tensión acumulada. Se dirigieron al sofá. Por momentos, Perla retrocedía, paraba, se paralizaba. Lisa empezó a desabotonar su blusa, primero el boton de arriba, el siguiente… luego el tercero. Perla adentró su mirada en la visión de la copa del brasiere de Lisa. Mientras la blusa caía al suelo, Perla quedó inmóvil. Lisa debió quitarle la blusa. Luego, el pantalón. Ya en este punto, Perla temblaba, mientras Lisa abarcaba con sus labios los senos de Perla… sus manos la recorrían. Fue bajando con sus besos. Quitó su hilo embebido por el nectar de la excitación. Lisa terminó de quitarse las prendas que aun la cubrían. Su desnudez dorada encandelilló a Perla. Su vientre plano, su ombligo ligeramente vertical, su vulva rosada, su monte de venus apenas cubierto de un leve vello igualmente dorado. Su clitoris perfectamente sonrosado. Mientras ella, también de vientre plano, más atlético, pues mostraba los cuadros de sus abdominales, su ombligo redondo, su vulva perfectamente depilada, sus labios violáceos que destilaban deseo, su clítoris, erecto, como un pene en miniatura. Instintivamente, Lisa alzó su pierna izquierda, permitiéndole a su compañera acomodarse, para beber de su interior. Asi estuvo Lisa por largos minutos saboreándola, hasta que Perla se hubiese desinhibido. Entonces invirtieron roles. Ahora Perla devolvía las caricias recibidas. Adentraba su lengua en lugares nunca antes experimentados. Lisa tenía realmente sabor a manzana… Su clitoris era juguete entre los dientes de Perla. Acomodadas ya una sobre la otra, haciendo rozar con deliciosa precisión sus feminidades, paralizando el tiempo con sus movimientos prohibidos. Hasta ambas alcanzar orgasmos que se multiplican, que duran minutos, que parecen cada vez más intensos.
Asi, Perla y Lisa juegan en secreto. Ante el mundo son amigas. Pero al cerrar las persianas, se enredan, se devoran, se alimentan.

Increible tu manera de escribir…. encendio todos mis sentidos… FABULOSA!
mmm quedé con curiosidad… como que la descripcion cerró muy rápido el juego…