A su recuerdo…

Ese d铆a como cualquier otro d铆a en la vida de este ser humano de g茅nero masculino, despert茅 con una erecci贸n. Si. Esa que se produce por varias razones: sea por tener llena la vejiga y que al entrar 茅sta en contacto con la pr贸stata da por resultado el llenado del tejido cavernoso que conforma al pene, o por haber tenido ese sue帽o er贸tico y cuasipornog艜afico.

Sea por lo que sea me encontraba en plena erecci贸n y la verdad con un enorme deseo de desahogar la libido.

Para evitar un accidente escatol贸gico, proced铆 a visitar al mueble de porcelana que recibi贸 toda la urea que mi anatom铆a produjo en una noche. El placer de la eyecci贸n fue confortable.

Regres茅 al lecho y fue entonces que son贸 el timbre de la puerta principal. Confieso que no fue nada agradable y una sonora pero discreta maldici贸n sali贸 de mi: -鈥…qui茅n carajos timbra a estas horas?鈥- Era tal la insistencia que no pod铆a dejar de acudir a tan impertinente llamado.

Por la mirilla de la puerta pude verla de pie y su cara reflejaba adem谩s de su juvenil hermosura esa expresi贸n que el apuro solamente puede conferirnos. Abr铆 la puerta y de inmediato y sin pedir permiso pas贸 ella como una exhalaci贸n a mi recibidor.

-鈥滸racias por permitirme entrar鈥-, se disculp贸 de inmediato. -鈥滾a verdad no sab铆a a qui茅n acudir y sinceramente era muy necesario que me permitiera Usted pasar鈥-.

La educaci贸n se hizo paso por entre un amasijo de sentimientos encontrados. Proced铆 amablemente a ofrecerle algo de tomar y para mi sorpresa ella acept贸 apresuradamente. Era muy temprano para la ingesti贸n de bebidas 鈥渆spirituosas鈥, por lo que de inmediato puse en funcionamiento la cafetera.

Serv铆 diligentemente dos tazas grandes con la arom谩tica bebida y ella de inmediato procedi贸 a ingerirla. Tras calmarse un poco comenz贸 la explicaci贸n: Tal pareciera que al quedarse sola en su departamento, el escuchar ciertos ruidos que parec铆an provenir de un intruso, le alertaron y pusieron sus nervios a punto para salir corriendo por algo de ayuda.

Con tranquilidad le ofrec铆 acudir a su vivienda que adem谩s de quedar cerca, era de un tama帽o que con tan solo cinco minutos ser铆an suficientes para revisar si efectivamente un intruso andaba merode谩ndola. Con un salto y un afirmativo agradecimiento pr谩cticamente me llev贸 a rastras para que procediera a la inspecci贸n de su morada.

Tras hacer unos minutos al 鈥淪herlock Holmes鈥 me di cuenta que esos sonidos proven铆an de la azotea, pues al parecer ciertas vecinas decidieron comenzar muy de madrugada con las labores propias del lavado de la ropa.

Ella entonces con ruborizada pero agradecida faz me invit贸 a que continu谩semos con la ingesti贸n de las tazas de caf茅, las cuales segu铆an cada una en nuestras respectivas manos.

La tranquilidad me permiti贸 entonces ver detalles que hasta ese momento hab铆an pasado desapercibidos. Ella no llevaba puesta otra cosa que no fuese la peque帽a prenda de seda y un par de sandalias. Aunado a lo anterior baste recordar que hab铆a amanecido con un talante algo lujurioso y esa silueta suya que se trasluc铆a un poco en la batita me puso a hervir la sangre.

De manera discreta estudi茅 cada palmo de su deliciosa anatom铆a, d谩ndome cuenta de que toda ella era definitivamente el mejor remedio para quienes padeciesen de impotencia sexual. Lo que se dice pues un 鈥渂ocatto di cardinalle鈥.

Con mirada inocente pero definitivamente consiente de mi inspecci贸n anat贸mica sobre su cuerpo, ella con algo de maliciosa coqueter铆a procedi贸 a acercarse un poquito con el pretexto de que le pudiese escuchar mejor. Yo con el mismo pretexto puse menos distancia entre ambos y sin quererlo, ya est谩bamos a no mas de cuarenta cent铆metros el uno del otro.

Su dulce y sensual voocesita produc铆an en mi un embotamiento y una excitaci贸n indescriptibles. Ella entonces abarcaba todo mi espacio y mi tiempo en ese instante.

Por los huecos de esa delicada batita se ve铆a una carne deliciosa y tersa que de inmediato me hicieron fantasear y llenar mi mente con mil y un extrapolaciones sexuales.

No pudimos mas. Por una m谩gica raz贸n ella comenz贸 a tomar con rec铆proca complicidad mi proceder y repentinamente est谩bamos los dos ya revolc谩ndonos en el sof谩 de su salita.

Degustar esa piel de sus hombros, besar con frenes铆 esos labios y pasar la lengua por sus pezones fue tan solo el comienzo.


Con furor y ansiedad baj茅 mis labios hasta encontrar ese delicioso pubis que ella entonces acerc贸 a mi cara, tomando mi cabeza por la nuca y haciendo presi贸n sobre si misma. Sent铆a un delicioso ahogo y mi excitaci贸n iba en aumento.

Levant茅 ese carnoso y torneado par de piernas y ahora la lengua pasaba por esa zona que delimitan la vagina y el ano, sin dejar de lamer ning煤n pliegue o resquicio. Que dulce aroma comenz贸 a llegar a mi. Que delicados y atrayentes gemiditos escuchaba y cu谩nta pasi贸n y 茅xtasis pod铆a sentir entre mis manos.

La penetr茅 vaginalmente con pasi贸n y locura. Nos fundimos en un fren茅tico y violento ritmo que hac铆a de cada er贸tico vaiv茅n toda una experiencia.

Ella explot贸 en el primer orgasmo y de inmediato pas贸 a una postura que permit铆a que yo pudiese atacar sus carnosos gl煤teos. Decid铆 entonces ir por todo y con temerario atrevimiento acerqu茅 mi glande a su esf铆nter.

Cuan grande fue mi sorpresa que mas all谩 de encontrar aversi贸n o rechazo, ella misma tom贸 mi pene y coloc谩ndolo en las puertas de ese paraiso anal, con un delicado pero firme movimiento de cadera hizo que mi miembro viril se abriera paso y morara dentro de su esf铆nter.

Comenzamos nuevamente con ese di谩logo que nuestro r铆tmico movimiento p煤bico ya conoc铆a y, tras unos cuantos minutos, explot茅 dentro de ella recibiendo como recompensa sus estramb贸ticos y org谩smicos movimientos.

Nos quedamos as铆 por un rato. Abrazados mientras mi pene era premiado por esas punzaditas que su m煤sculo pubocox铆geo obsequiaba para extraer todo ese nectar que emanaba de mi.

Acarici茅 sus senos con mis torpes manos y sin mas ni mas, nos quedamos tierna y pl谩cidamente dormidos.

Hoy simplemente queda ese dulce recuerdo, mientras que deposito una docena de rosas rojas en una fr铆a l谩pida que de ella solo tiene grabado su nombre. Espero sinceramente que exista el cielo, pues ser谩 en ese lugar que nos volvamos a obsequiar mutuamente el regalo de nuestras almas.

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