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	<title>Eroticcas &#187; Relatos</title>
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	<description>Cuentos de Amor y Sexo</description>
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		<title>Él</title>
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		<pubDate>Fri, 21 Jan 2011 07:42:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pitonizza</dc:creator>
				<category><![CDATA[Relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[Con solo mirarme a los ojos toda mi piel se eriza. Imaginarme entre sus brazos me causa una sensación de paz equivalente a la felicidad plena. Mi nombre se escucha tan diferente cuando él lo pronuncia. Y las estrellas pierden su brillo cuando las comparo con sus ojos. Es tanta la magia que hay entre [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.eroticcas.com/wp-content/uploads/2011/01/erotismo.jpg"><a href="http://www.eroticcas.com/wp-content/uploads/2011/01/erotismo.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-906" title="erotismo" src="http://www.eroticcas.com/wp-content/uploads/2011/01/erotismo.jpg" alt="" width="224" height="309" /></a></a>Con solo mirarme a los ojos toda mi piel se eriza. Imaginarme entre sus brazos me causa una sensación de paz equivalente a la felicidad plena. Mi nombre se escucha tan diferente cuando él lo pronuncia. Y las estrellas pierden su brillo cuando las comparo con sus ojos. Es tanta la magia que hay entre nosotros que todos lo notan, no puedo disimular tanto amor que brota de mis poros cuando estoy en su presencia. Él, caballero romántico, hombre completo, ideal de marido. Él me hace vibrar cuando aparece. Él, majestuoso, grande, completo, erguido ante mi cuerpo desnudo que gotea de pasión. Nada se equipara a la increíble sensación de dormir a su lado, escuchando su respiración. Él me dedica cada suspiro, cada latido de su corazón, que se ha sincronizado con el mío desde el primer momento que me dijo que me ama y que quiere compartir el resto de su vida conmigo. Él, mi complemento, mi alimento, mi hombre, mi amo y mi esclavo. Sus manos me moldean hasta convertirme en su posesión. Él no entra solo en mi cuerpo, ya ha anidado en mi alma.</p>
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		<title>Preludio&#8230;</title>
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		<pubDate>Thu, 13 Jan 2011 21:52:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Invitado</dc:creator>
				<category><![CDATA[Relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[Siempre ávido melómano del género clásico, me había hecho el firme propósito de aprender a &#8220;tocar el piano&#8221;. Siempre he admirado a ese enorme y majestuoso instrumento musical, cuyos sonidos y tesitura me han impresionado. Tras un esfuerzo considerable logré ahorrar un dinero y pude adquirir un piano. No un piano &#8220;de cola&#8221; como anhelaba, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Siempre ávido melómano del género clásico, me había hecho el firme propósito de aprender a &#8220;tocar el piano&#8221;.</p>
<p>Siempre he admirado a ese enorme y majestuoso instrumento musical, cuyos sonidos y tesitura me han impresionado.</p>
<p>Tras un esfuerzo considerable logré ahorrar un dinero y pude adquirir un piano. No un piano &#8220;de cola&#8221; como anhelaba, mas el instrumento musical sintético que había adquirido tenía un sonido excelente y su precio era aún mejor.</p>
<p>Recordé entonces mis viejos tiempos cuando aporreaba el teclado de ese órgano que mi padre había comprado tiempo atrás, logrando que algunas melodías se escuchasen algo aceptables.</p>
<p>Ya tenía el instrumento y ahora seguía la contratación de una academia musical. Buscando con los medios a mi alcance pude encontrar una que su precio, horarios y domicilio mejor me convenían.</p>
<p>Siguiendo las indicaciones de la voz al teléfono, me presenté esa tarde-noche puntual, con mi cuaderno pautado y mi libro con la primera parte del curso recién comprado.</p>
<p>En esa salita de espera estábamos cuatro personas. Todos como niños que van por primera vez a párvulos bien alineaditos, seriecitos y esperando nos llamasen.</p>
<p>Un caballero elegante y algo anticuadamente vestido nos saludó cortesmente con su voz grave y sonora. Nos dio la bienvenida y se presentó ante nosotros como nuestro Profesiór de Piano-Forte, que es el nombre completo del instrumento.</p>
<p>Nos indicó entonces que pasaría a cada uno de nosotros para evaluar qué tan básico sería nuestro curso. Por ser el último que llegó, sería pues el último en pasar.</p>
<p>Ingresó el primer postulante a alumno (como nos dijo el viejo profesor) y quedamos un par de damitas y yo.</p>
<p>No obstante la puerta del Estudio estaba cerrada, se alcanzaban a escuchar la fuerte y recia voz del Profesor y esas  burdas notas que profería el dichoso piano-forte.</p>
<p>Tras escuchar algunas notas y lo que parecían airadas indicaciones al postulante, siguió un sepulcral silencio. Repentinamente se abrió la puerta y de ella salió con un rostro más que enojado el que acertadamente adivinamos no sería considerado como alumno.</p>
<p>Siguió entonces el turno de una de las damitas y de manera semejante al postulante anterior, sonó la voz del Profesor y notas musicales producidas por el instrumento.</p>
<p>A diferencia del postulante anterior, esta vez los sonidos eran mucho mejores. Yo entonces sentí que muy posiblemente no sería aceptado.</p>
<p>La puerta se volvió a abrir, pero en vez de salir alguien se le invitó a la segunda mujer a que pasara al Estudio. Yo entonces quedé solo.</p>
<p>Voz atronadora, notas musicales de excelente calidad y posteriormente silencio. Se abrió la puerta y esta vez tampoco salió nadie. Una voz fuerte y decidida me nombró y entonces tras ponerme de pié y des entumirme, entré al santuario del Profesor.</p>
<p>Que hermoso y lujoso decorado el de ese espacio. Paredes tapizadas con una hermosa tela en color rojo y bordado con hilos dorados. Sendos libreros que abarcaban casi por completo las paredes atestados de libros y para mi sorpresa, discos de acetato de larga duración, los cuales hacía décadas que yo no veía.</p>
<p>Al centro estaban cuatro hermosísimos pianos de media cola que parecían recién salidos de fábrica.</p>
<p>Un escritorio grande, un enorme atril, partituras en ambos y en una columna de mármol negro, un generoso busto de Ludwig Van Beethoven, que me miraba con esos ojos cuasi vacíos y esa faz adusta tan característica del genial compositor.</p>
<p>El Profesor notó mi admiración por la escultura y con su serena pero atronadora voz me pregunto: -&#8221;¿Cree Usted poder ser digno de interpretar sus obras?&#8221;-. Mi respuesta fue un decidido -&#8221;aún no&#8221;-.</p>
<p>Tras una sonrisa leve, me indicó que me sentara en uno de los dos pianos vacíos restantes. Puso en mi piano una partitura y me indicó que interpretara cuanto pudiera de la mejor manera que pudiera.</p>
<p>Reconocí la partitura. Era precisamente la Sonata Claro de Luna de Beethoven. Esa que no debe faltar en toda colección musical en selecciones económicas y tertulias baratas.</p>
<p>Procedí a tocarla lo mejor que podía mientras de ese rostro profesoral solo salía una mirada seria.</p>
<p>Pasé de la primera página, por lo que creí que lo estaba haciendo aceptablemente. El Profesor se acercaba lentamente y de repente se alejaba. Pasé a la tercera página y a la mitad escuché un sereno -&#8221;&#8230;basta&#8221;-.</p>
<p>El profesor entonces tomó de mi piano la partitura y tras percatarme que las otras dos mujeres tampoco tenían partitura en sus respectivos pianos, me tranquilicé un poco.</p>
<p>Llevó su mano a la barbilla y tras mirarnos atentamente a cada uno comenzó a decirnos con calma que estábamos aceptados, invitándonos a regresar para comenzar formalmente en dos días después.</p>
<p>Tras agradecerle procedimos a levantarnos con calma de nuestros bancos, cerrar con parsimonia y ceremoniosamente nuestros pianos y salir casi &#8220;de puntitas&#8221;.</p>
<p>Por cortesía permití que primero saliesen las dos damitas. Qué hermoso perfume tenía una de ellas y que cuerpo tan más perfecto. Lo sicalíptico nunca quita lo cortés (y viceversa).</p>
<p>Hermosa mujer de hermoso cabello negro, piel morena clara y de una estatura un poquito menor a mi. Lo que se denomina un &#8220;bocatto di cardinalle&#8221;. Su modesto pero lindo vestido en color café claro y sus zapatos de tacón alto le hacían verse simplemente soberbia.</p>
<p>Debió de haber sido muy obvio mi interés en ella, que el profesor esbozó hacia mi una sonrisa que desembocó en una muy leve risita burlona. Bajé mi cabeza y salí de ese estudio cual escolapio regañado.</p>
<p>No acabábamos abandonar la salita de espera cuando repentinamente la hermosa dama del vestido café giró y accidentalmente chocó contra mi. Qué ojos tan mas divinos, que labios tan más deliciosos&#8230;</p>
<p>Tras disculparse y pedir mi permiso para pasar, ella penetró nuevamente ese Estudio. Yo salí a la calle y decidí esperarle.</p>
<p>En menos de dos minutos ella estaba fuera con un abrigo cubriendo su escultural figura. Con rostro algo sorprendido me miró y yo decidí romper el silencio: -&#8221;Que clima loco el de esta tarde&#8230; ¿Cómo te llamas?&#8221;-</p>
<p>Ella me respondió simplemente con su nombre en un divino y cuasi silencioso hilo de voz, mientras con timidez su rostro se sonrojaba y sus hermosos y grandes ojos eran apenas escondidos por un par de aún más enormes pestañas.</p>
<p>No quise romper esa magia que conlleva el primer contacto. No quise verme como ese personaje que se ajusta al ya gastado estereotipo denominado &#8220;Don Juan&#8221;.</p>
<p>Simplemente le agradecí la atención que me prodigó diciéndome su nombre y me despedí de ella con un -&#8221;&#8230;hasta pasado mañana&#8221;-. Caminamos cada quien por separado.</p>
<p>Definitivamente no había esperado con tanta impaciencia a que llegase una fecha. La verdad deseaba con obsesión ese día. A diferencia de la ocasión anterior fui el primero en llegar.</p>
<p>El profesor me solicitó pasar al Estudio y que tomase el piano que yo deseara. Me instalé y tras ofrecerme y aceptar su invitación, se me sirvió una humeante taza de Te.</p>
<p>Llegaron entonces las dos damas quienes realmente no pudieron ocultar su sorpresa de verme ya instalado, con mi taza de te y charlando con el Profesor acerca de las óperas de Wagner.</p>
<p>El profesor las miró, revisó la hora en su enorme y áureo reloj de bolsillo y tras recomendar a ambas damas un poco de puntualidad, comenzó la lección.</p>
<p>Las casi tres horas que duró la lección a los tres alumnos se nos hicieron una nada. Nos percatamos que ese profesor que parecía ser tan anticuado o cuadrado como primera impresión, era un tipo enormemente culto y a la vez sensible.</p>
<p>Nos despidió amablemente y nos invitó a regresar dos días después para continuar. Me levanté para tomar mi saco de el perchero pero el bolso de una de las damas me lo impedía. La dama que tanto me atraía tímidamente pidió disculpas mientras se levantaba apresuradamente para tomarlo, pero simplemente me remití a levantar la correa para liberar mi saco y regresé el bolso a su lugar.</p>
<p>Ella entonces me dio las gracias y esa palabra con ese tono de voz que salió de esa exquisita boca, me causaron un estremecimiento enorme.</p>
<p>La otra mujer obviamente lo notó, ya que con una sonrisita maliciosa bañada en esa muy femenina complicidad, resultó en una llamada de atención que me hizo regresar a la realidad.</p>
<p>Volví a ser el primero en salir y esa vez estaba decidido a ir más allá que un leve saludo. Salieron ambas damas por la puerta principal y adivinando perfectamente mis intenciones, la dama que tanto me gustaba se despidió de su condiscípula.</p>
<p>Mencionándome lo apenada que se sentía -&#8221;&#8230;por haber tenido el atrevimiento de dejar su bolso sobre mi saco&#8221;-, le respondí con el típico -&#8221;&#8230;no hay problema&#8221;-. Le propuse entonces muy &#8220;ñoñamente&#8221; que para resarcir su error debía aceptar una taza de café auspiciada por mi, en ese muy acogedor e íntimo cafetín de la esquina.</p>
<p>Sorprendentemente ella aceptó y de muy buena gana, iluminándosele su rostro y abriendo mucho ese par de encantadores ojos.</p>
<p>Nos sentamos en una mesita que estaba diseñada ex-profeso para dos personas. Solicitamos la primer ronda de &#8220;capuccinos&#8221; y comenzamos a platicar cual si nos conociésemos de muchos años atrás.</p>
<p>Ella muy al principio frente a mi, pero conforme el transcurso de la plática nuestras sillas &#8220;mágicamente&#8221; terminaron juntas una al lado de la otra.</p>
<p>Pude admirar en esas horas cuánta belleza había no solo en su faz, sino en su piel, sus manos, sus pies y sobre todo, esas exquisitas y excelentemente proporcionadas formas que hacían de toda ella, una muy seria candidata a &#8220;Venus&#8221;.</p>
<p>Poco a poco fuimos tomando más confianza y sin más, nuestras manos ya se entrelazaban. Nuestra conversación era en ocasiones de todo y en otras más, simplemente de nada. Llegado el momento, solamente nos quedamos mirando uno al otro.</p>
<p>Sinceramente me sentí tan dichoso y a la vez tan intimidado por esa mirada. No lo podía creer. Yo abarcaba todo su espacio visual y ella el mío. De repente no podía ver otra cosa que sus labios rojos y carnosos, de los que simplemente salió en un susurro mi nombre.</p>
<p>Un zumbido y un estremecimiento recorrieron todo mi cuerpo. Poco a poco nos fuimos acercando y ese inminente beso se convirtió en un prolongado ir y venir de nuestras lenguas, buscándose desesperadas e intentando saciar una sed que sabíamos los dos cómo deíamos de calmarla.</p>
<p>Mudos cómplices de lo que perfectamente sabíamos que debíamos de hacer, solicitamos la cuenta, dejé dinero más que suficiente para cubrirla y cubrir la muy merecida propina del mozo y tomamos un automóvil de alquiler.</p>
<p>El conductor recibió órdenes de ella, de las cuales no pude atención, pues todos y cada uno de mis sentidos estaban centrados en ella.</p>
<p>Nos tomamos de la mano y esas caricias que prodigamos a través de ellas hicieron que nuestra sangre hirviese aún más. El automóvil se detuvo frente a un descomunal portón de hierro fundido cargadamente ornamentado. De pronto se entreabrió una de las puertas y a través de ella es que ingresamos.</p>
<p>Ella encendió la luz y ahí en esa enorme sala nos hincamos para abrazarnos y besarnos con frenética obsesión.</p>
<p>Ella desabotonó su blusa y yo hice lo propio con mi camisa. Ella entonces procedió a desabrochar mi cinturón mientras yo correspondía con su falda.</p>
<p>Se levantó y quedé de rodillas ante un monumento de mujer. Exactamente a la altura de mis ojos tenía el más delicioso pubis femenino que mortal alguno hubiesen visto.</p>
<p>Deshaciéndome poco a poco de sus prendas íntimas, ya desnuda ante mi, la tomé por los glúteos y hundí como un lobo hambriento mi cara en su pubis. Mi lengua rozaba su clítoris mientras que un delicioso aroma entraba por mi nariz.</p>
<p>Jadeos entrecortados eran esa música que acompasaba un par de manos que acariciaban mi nuca ejerciendo una delicada pero decidida presión para que aumentara mi ataque.</p>
<p>Continué con el &#8220;cunilingus&#8221; mientras que ella entonces giró para mostrarme esas redondas y firmes nalgas. Yo ya sabía que hacer y tras besarlas profusamente, hice pasar mi lengua por su cavidad esfinterial.</p>
<p>Estremecida de placer volteó, se arrodilló, me tumbó en la alfombra y procedió a obsequiarme el más exquisito &#8220;felatio&#8221; que humano alguno hubiese experimentado.</p>
<p>En un ahogado grito le supliqué me permitiese deleitarme con su vagina en mi boca. Ella gustosa aprisionó mi cabeza entre sus piernas y procedió a restregar suavemente su genitalidad en mi boca. Eramos un par de almas que se fundían en el sexo oral.</p>
<p>Ella repentinamente se levantó. Dándome su espalda tomó grácilmente mi pene con su mano derecha y poco a poco hizo que éste penetrara su ano. Suavecito. Poco a poco&#8230; Cada vez más hasta que la totalidad de mi falo la había penetrado.</p>
<p>Con hábiles movimientos estrambóticos de sus caderas, procedió a subir y bajar masajeando el pene con su esfínter. Mis jadeos y los suyos de repente eran un coro acompasado en el que solo el placer era la tesitura de una aria de opera sexual.</p>
<p>No podía más. Le indiqué que deseaba terminar y entonces ella fue la que estalló en un humedísimo orgasmo, que aunque la penetración era anal, por su vagina emanaba una abundante eyaculación femenina.</p>
<p>Ante tal obsequio entonces exploté y sin más eyaculé dentro de ella. Qué placer más enorme.</p>
<p>Cansados pero felices rompimos poquito a poco con el contacto anal. Ella se acostó a mi lado y ambos nos abrazamos quedando completa y plácidamente dormidos.</p>
<p>¿Cuántas horas dormimos? No lo se. Simplemente se que esa mañana nos despertamos y tras decirnos buenos días con una sonrisa, pasamos a tomar un frugal desayuno.</p>
<p>Ella me despidió preguntándome si nos volveríamos a ver. Yo contesté afirmativamente y tra un beso, tomé mi camino habitual.</p>
<p>Continuamos asistiendo a clases de música. Ya era obvio que ambos estábamos enamorados el uno del otro y que practicábamos una relación abierta y sin cortapisas.</p>
<p><a href="http://www.eroticcas.com/wp-content/uploads/tdomf/896/y seno mujer.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-898" title="y seno mujer.jpg" src="http://www.eroticcas.com/wp-content/uploads/tdomf/896/y seno mujer.jpg" alt="" width="400" height="318" /></a></p>
<p>Con el tiempo dejamos de asistir a clases. Hoy me agradezco el haber decidido tomar esas clases de Piano-Forte. No seré un &#8220;maistro concertista&#8221; de este instrumento, pero se que puedo tocar con maestría y hacer vibrar a esa hermosa mujer.</p>
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		<title>Es solo otra historia de amor (I parte)</title>
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		<pubDate>Mon, 15 Nov 2010 22:10:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pitonizza</dc:creator>
				<category><![CDATA[Relatos]]></category>
		<category><![CDATA[novela]]></category>

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		<description><![CDATA[Esta historia se enmarca en una ciudad de latinoamérica cualquiera. Una ciudad grande, cosmopolita en comparación con los pueblos adyacentes. Una ciudad hermosa, moderna, con un gran aeropuerto, impresionantes centros comerciales, agitadas calles&#8230; sin embargo, es una ciudad tercermundista. Mendicidad, diferencias sociales, caos vehicular&#8230; Ahí, en uno de los centros de entretenimiento para caballeros trabaja [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Esta historia se enmarca en una ciudad de latinoamérica cualquiera. Una ciudad grande, cosmopolita en comparación con los pueblos adyacentes. Una ciudad hermosa, moderna, con un gran aeropuerto, impresionantes centros comerciales, agitadas calles&#8230; sin embargo, es una ciudad tercermundista. Mendicidad, diferencias sociales, caos vehicular&#8230; Ahí, en uno de los centros de entretenimiento para caballeros trabaja Kathy, la mujer que amo. Ella se ha visto obligada a ofrecer su cuerpo a cambio de dinero. Pero no, no se apresuren. Ella no es una meretriz, no se acuesta con nadie. Ella solo ofrece la imagen de su cuerpo, sus movimientos eróticos, su danza, su mirada, a salvo en un escenario. Los hombres con sus mastiles erguidos admiran sus redondos senos con pezones turgentes, sus menudas caderas, su empinado trasero, su vientre plano que es marco de un ombligo perfecto. Ataviada con minúsculas prendas que va sacandose poco a poco al calor de los chiflidos masculinos, aullidos que rinden tributo a la belleza exótica de Kathy. Ella era muy distinta a las demás desnudistas. A más de no permitir que ninguno la toque por muy generosa que sea su oferta, era dueña de una inusual belleza que no competía con sus compañeras de tubo. Aquella singularidad precisamente la detenía de convertirse en stripper, pues nunca se consideró bella. Al contrario, luego lo supe, ella siempre pensó que era fea, pues ningún hombre la había tomado en serio hasta el punto de formalizar una relación estable con ella. La crisis económica fue el detonante que la impulsó a presentarse al &#8220;casting&#8221; de modelos, y apenas fue examinada por el dueño del Night Club, fue aceptada. Kathy impuso sus condiciones desde el primer momento: no quiero prostituirme, solo bailar por dinero, que es una forma light de prostitución. No quiero contacto con ninguno, solo que paguen por ver.<br />
<a href="http://www.eroticcas.com/wp-content/uploads/2010/11/pole-dance.jpg"><img src="http://www.eroticcas.com/wp-content/uploads/2010/11/pole-dance.jpg" alt="" title="pole-dance" width="450" height="675" class="aligncenter size-full wp-image-866" /></a><br />
Así, al principio con dudas, pues sabía que las bailarinas que accedían al contacto carnal obtenían grandes beneficios económicos, Kathy empezó a volverse popular. Los hombres reservaban su dinero para colocarlo en el liguero de Kathy. Yo mismo coloqué cientos de dólares en su tanga. Ella nos veía a todos como un gran pene erecto, sin sentimientos, sin nada personal en ninguno de nosotros. Al terminar su show, ella solía dirigirse a la barra a tomar un martini mientras intercambiaba palabras con los asistentes al espectáculo que se atrevían a acercarse. Sus conversaciones no duraban más allá que lo que dura un cigarrillo. </p>
<p>Una noche como cualquiera, mientras jugaba distraídamente con la aceituna de su martini, me acerqué a ella decidido. Había observado que ella nunca daba mayor oportunidad al diálogo. </p>
<p>- Hola Kathy, soy tu más ferviente admirador.<br />
- Hola&#8230; todos me dicen eso, ¿en qué te diferencias?</p>
<p>Noté que el barman se colocó cerca de ahi disimulando que limpiaba la barra, pues se percató de que Kathy no había respondido con monosílabos. Buscando una respuesta que capte su atención, le contesté:</p>
<p>- En que yo no voy a insistir por llevarte a un cuarto. Solo quiero ver tus ojos más de cerca. </p>
<p>Esa fue la primera vez, aunque parezca absurdamente romántico, que pude leer su mente. Escuché su voz, sus pensamientos claramente.</p>
<p>&#8220;¿Mis ojos? Serán mis tetas, pues tras estas pestañas postizas no pueden verse mis ojos.&#8221;</p>
<p>- Sí, tus ojos. Son intrigantes, solo permiteme verlos de cerca, sin hablar.</p>
<p>- Míralos&#8230; mis ojos, que reflejan el cansancio de rechazar y ser rechazada.</p>
<p>Dicho esto, ella se levantó y se fue, dejando un rastro de sutil perfume que percibí y que nunca pude olvidar. Un aroma que fue determinante. Ella no confía. Yo devolveré esa confianza. Tras la bailarina exótica hay una mujer sensible. Nadie vio eso. Yo estoy cansado de estar solo. Y venir noche a noche a este lugar solo por ver de lejos mujeres hermosas ya no es suficiente.</p>
<p>Continuará&#8230;</p>
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		<title>Una noche inolvidable</title>
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		<pubDate>Sun, 07 Nov 2010 04:20:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Invitado</dc:creator>
				<category><![CDATA[Colaboraciones]]></category>
		<category><![CDATA[Relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[La noche prometía, nos fuimos los dos a cenar juntos y recordar viejos tiempos mientras comíamos comida mexicana. Esa noche como muchas otras no quedamos con nadie, no nos hace falta nadie para pasarlo bien, somos dos personas que desde siempre hemos compenetrado bien y no necesitamos de nadie. Volviendo al tema que me salgo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.eroticcas.com/wp-content/uploads/2010/11/erotica.jpg"><img src="http://www.eroticcas.com/wp-content/uploads/2010/11/erotica.jpg" alt="" title="erotica" width="400" height="321" class="aligncenter size-full wp-image-860" /></a>La noche prometía, nos fuimos los dos a cenar juntos y recordar viejos tiempos mientras comíamos comida mexicana. Esa noche como muchas otras no quedamos con nadie, no nos hace falta nadie para pasarlo bien, somos dos personas que desde siempre hemos compenetrado bien y no necesitamos de nadie.<br />
Volviendo al tema que me salgo de él….La noche empezó genial, ella se vistió con unos vaqueros bien ajustados unos zapatos de tacón que por cierto se los regalé yo, una camisa suelta de su estilo y un pañuelo al cuello, estaba preciosa!! Su perfume preferido le ponía la guinda. La vi salir del baño después de arreglarse y estaba realmente radiante.<br />
Yo como no podía ser menos y para acompañar a ella, mis vaqueros, mi polo blanco y una chaqueta vaquera que se que le encanta ver como me queda puesta.<br />
Después de cenar nos dirigimos a una disco que con frecuencia íbamos hace tiempo.<br />
Nos tomamos unas copas, estuvimos pasando un buen rato y a eso de la una o una y media de la madrugada, temprano, pero sin problemas por estar más tiempo que el que deseábamos…..nos fuimos a casa.<br />
Una vez allí le propuse tomarnos otra copa, ¿¿por que no?? La noche estaba saliendo bien y estábamos a gusto, así lo hice, pero  mientras sujetaba la copa en la mano en la otra tenia algo que le había comprado. Ella lo abrió y descubrió su interior, quitando un lazo que sujetaba la tapa de la caja.<br />
Era un picardías de color negro, con encaje en la parte del pecho y al que acompañaba un tanga calado con encajes delante.<br />
Le encantó, pues tenia todo lo sexy que uno desearía pero sin parecer nada mas atrevido de lo que debiera.<br />
Entonces ella me dijo que me dirigiera al cuarto y que esperara a que se lo pusiera. Me tumbé en la cama solo con mis boxes bien ajustados y esperé a que entrara en el cuarto con él puesto.<br />
Salió del baño suavizó la luz y entró en el cuarto. Mi primera reacción es morderme el labio con los dientes y poner esa cara que tanto os gusta, esa cara de deseo.<br />
Me hizo unas posturas que ni la modelo de la foto del catálogo. Me encantaba, estaba disfrutando y cada vez mas sentía la necesidad de estar junto a ella para empezar lo que seria la mejor noche de mi vida, refiriéndome al tema sexo claro está.<br />
Se acercó se tumbo delante mía y empezamos a besarnos, mis manos no dejaban de rodearla y pasarlas por su cuerpo, nos movíamos de un lado para otro de la cama y al final la tumbé en ella boca abajo, dejando ver su picardías medio arrugado, que dejaba ver el tanga en un precioso trasero.<br />
Empecé a pasar mis manos por su cuerpo, por debajo del picardías, y metiendo mis dedos entre el tanga y su cuerpo. No paraban de jugar y de deslizarse, hasta llegar a su coño, que ya estaba humedecido por la excitación. Al mismo tiempo mi polla no podía estar dentro de esos boxes que ya apretaban, ella me incorporó y me los quitó, y de nuevo se tumbó para que siguiera con lo que estaba haciendo. Mi lengua empezó a querer jugar con su cuerpo, todo se aceleraba y a la vez se ralentizaba, cuando estaba al extremo del placer ella hacia que me relajara, Le comí el coño otra vez, y ella me paraba a los minutos para meterse mi polla dentro de su boca, así conseguía mantenerme activo. Estuvimos un buen rato lamiéndonos, besándonos y mojando nuestras lenguas con los fluidos de cada uno.<br />
Ahora era el momento de acentuar esa excitación, saque del cajón el consolador que tenemos y empecé a brotar su clítoris con él, las vibraciones le hacían entrar en un grado de excitación tal, que en unos minutos se metió mi polla dentro y empezamos a follarnos como locos. Pero como antes, cuando estábamos a tope y totalmente implicados en lo que hacíamos, me paraba, me relajaba y hacia que mi respiración volviera a ser normal, me tumbo boca arriba y me propuso que mirara mientras ella se masturbaba encima de mi con el consolador.<br />
Mientras lo hacía yo sentía cada vez mas otra vez de penetrarla y ella me paraba, así cada vez mas me intensificaba y me ponía mas salvaje.<br />
Eché el consolador a un lado, la tumbé en la cama y la penetré de nuevo con fuerza y hasta el fondo. Gemíamos como locos, y ella me pedía más, y cuanto más me pedía mas le daba, hasta que me corrí.<br />
Que se puede hacer con un tío que se ha corrido y ella aún quiere mas de él, pues lo que hicimos, no dejamos nada, seguimos y ella se metía la polla en la boca y en su coño hasta que en unos minutos estaba otra vez dura como al principio.<br />
Cuando de nuevo vio como estaba, ni se pensó el subirse encima mío mientras yo estaba tumbado y montarme encima de mi polla para metérsela hasta dentro.<br />
Al tiempo de estar follando de mil posturas diferentes, decidimos ir a la terraza de casa y fumarnos un cigarro, beber algo de agua y pensar que teníamos toda la noche por delante.<br />
Y ahí estábamos, en la terraza con unas finas mantas por encima y desnudos, fumando y no se porque y de que forma pasó que empezamos a follar de nuevo, ella con una pierna en el pollete y yo empujando de pie delante de ella.<br />
Ella no paraba de decirme lo excitada que estaba  y del morbo que tenia de estar haciendo lo que hacíamos.<br />
Volvimos de nuevo al cuarto, me empujó sobre la cama y me dijo…..¿que te gustaría que hiciera? Dime lo que quieras que haga y lo haré. Me visto como quieras, me pongo como digas, estoy morbosa y quiero mas placer, lo quiero todo de ti hoy.<br />
Fue al ropero se puso un abrigo largo que tiene unos zapatos de tacón y desnuda por dentro se puso delante mío.<br />
Como un loco me lancé sobre ella le quite el abrigo, le puse un pañuelo sobre sus ojos y de nuevo empecé a follarla con fuerza.<br />
Mientras ella me decía…..¿quien quieres que sea? ¿Te gustaría estar follándote a otra? ¿ te gusta la fantasía de verme con otra tía aquí? Imagina que estamos aquí y nos follas a las dos. Hummmmm me pone morbosa imaginar viéndote como se la metes a otra, no se que me pasa hoy, estoy muy cachonda y haría lo que fuera por ti.<br />
Mientras me iba diciendo, cada vez la follaba más fuerte, la imaginación se me disparó, no dejaba de escucharla y mi polla cada vez mas grande la penetraba una y otra vez, hasta que juntos, los dos a la vez mientras casi gritábamos de placer nos corrimos como nunca.<br />
Ya no recuerdo nada mas, por que pasaron 4 horas de placer, sexo y morbo. Nos quedamos dormidos si decirnos nada, sin saber como, como si nos desenchufaran de la red eléctrica.<br />
Al día siguiente, parecía que había pasado por la habitación un huracán, todo por el suelo y con una inolvidable noche atrás.<br />
Hasta hoy no hemos comentado de esa noche, de las cosas que hicimos y las que dijimos, supongo que la excitación y el morbo hizo que nuestras fantasías más profundas salieran a la luz, pero creo que ahí es donde quedó todo en una fantasía…..pero menuda fantasía.<br />
Gracias por esa noche que nunca olvidaré.<br />
Shark</p>
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		<title>Ardor</title>
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		<pubDate>Fri, 05 Nov 2010 18:16:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Invitado</dc:creator>
				<category><![CDATA[Relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[Como es costumbre llegué demasiado temprano a la fiesta. Tanto que incluso el anfitrión aún no terminaba de prepararse. Tras disculparse y obsequiarme con una bebida, pasó a sus aposentos para terminar de prepararse. Me dediqué entonces a vagabundear por esa enorme mansión que más bien se antojaba como un pequeño palacio. Con calma, con [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.eroticcas.com/wp-content/uploads/tdomf/847/sexy-sexy-brunette_large.jpg"><img src="http://www.eroticcas.com/wp-content/uploads/tdomf/847/sexy-sexy-brunette_large.jpg" alt="" title="sexy-sexy-brunette_large.jpg" width="384" height="550" class="aligncenter size-full wp-image-849" /></a>Como es costumbre llegué demasiado temprano a la fiesta. Tanto que incluso el anfitrión aún no terminaba de prepararse.</p>
<p>Tras disculparse y obsequiarme con una bebida, pasó a sus aposentos para terminar de prepararse.</p>
<p>Me dediqué entonces a vagabundear por esa enorme mansión que más bien se antojaba como un pequeño palacio.</p>
<p>Con calma, con pausa y sin prisa caminé con mis manos en la espalda sosteniendo con ellas mi máscara.</p>
<p>Pesadas y resonantes resultaban mis pisadas por ese piso de duela cubierta con una muy vistosa alfombra color tinto. Con mi mirada atenta y sin casi mover la cabeza, procedí a explorar y ver cada rincón del lugar.</p>
<p>Cuánto lujo y con cuanto exquisito gusto estaba decorada esa mansión. Cristalería, piezas en plata y oro, maderas preciosas e incluso me atrevería a apostar que pedrería preciosa incrustada en algunos ornamentos.</p>
<p>De pronto estaba frente a esa enorme puerta en madera por la que en sus rectangulares ventanas verticales se alcanzaba claramente a ver que eran la entrada a una enorme cocina.</p>
<p>Todo era febril agitación y órdenes &#8220;a soto vocce&#8221; de parte de un personaje vestido todo de blanco con una cofia enorme coronando su cabeza. Obvio era pensar que se trataba del &#8220;Chieff de Cuisinne&#8221;.</p>
<p>De pronto escuché esa lánguida voz que solicitaba ayuda. Inmediatamente agucé mi oído para determinar de dónde venía.</p>
<p>Con pasos suaves y acelerados procedí a la fuente de esos sonidos para encontrarme con algo que parecía ser una enorme chimenea de obscura madera de caoba.</p>
<p>Los sonidos se escuchaban perfectamente definidos y entonces con voz alta procedí a contestarle.</p>
<p>Ella me indicó que intentara empujar una de las columnas que sostenían un elaborado frontispicio tallado también en madera, para poder abrir esa puerta. Siguiendo esa instrucción y ante mi asombro, sonó un &#8220;click&#8221; metálico para entonces abrirse poco a poco esa pesada puerta que simulaba una chimenea.</p>
<p>La voz me invitó a entrar y rápidamente procedí, pues esa pesada puerta ahora comenzaba a cerrarse.</p>
<p>A modo de precaución y para no quedar encerrado, utilicé como &#8220;tope&#8221; para detener esa enorme puerta algo que parecía ser un viejo cenicero de cristal cortado.</p>
<p>La puerta detuvo su silencioso avance ante semejante obstáculo, dejando entrar en esa obscura habitación un pequeño haz de luz.</p>
<p>No veía prácticamente nada y a tientas intenté encontrar el interruptor que encendiera la iluminación. No había nada.</p>
<p>Ella entonces me indicó que diera cinco pasos a la izquierda y que ahí encontraría un mando deslizante para hacer que la luz se accionara. Hice lo propio y efectivamente la habitación se comenzó a iluminar con una luz rojizo amarillenta.</p>
<p>La habitación era enorme y muy alta. Toda ella tapizada con una tela color rojizo y con unos enormes ventanales ahumados en la parte superior. En medio de la habitación había una cama enorme que tenía en cada esquina una columna de madera que en conjunto todas ellas sostenían un pesado bloque del mismo material.</p>
<p>En medio de ese lecho estaba una muer. Apenas si llevaba una túnica ligera y transparente. Atada a cada esquina de la cama por unas enormes sogas hechas de estambre rojo apenas le permitían moverse.</p>
<p>Me suplicó entonces le ayudara a desatarse, mas de pronto algo en mi me hizo dudar: ¿Por qué estaba atada? Tras preguntarle y recibir muy vagas respuestas de ella, quise saber más de qué estaba haciendo ahí, cómo es que llegó y obviamente saber el por qué de su estado y condición actual.</p>
<p>Ella entonces suspiró y procedió a contarme. Sin mucho detalle me dijo que ella fue invitada por mi anfitrión a una reunión hacía un par de semanas. Que en dicha reunión había tomado una bebida que le provocó un estado de enorme somnolencia y que tras caer desmayada, simplemente despertó en esa habitación exactamente como yo la había encontrado.</p>
<p>Pude observar que al menos le habían alimentado y le habían proporcionado agua y la posibilidad de realizar sus actividades fisiológicas básicas, mas la pobre mujer ya se veía desesperada.</p>
<p>Procedí entonces a compadecerme de ella y procedí a desatar sus manos. Posteriormente sus desaté sus pies y en cuanto se vio desatada, se abalanzó sobre mi tumbándome sobre la rojiza alfombra.</p>
<p>De inmediato traté levantarme pero fue inútil. Ella estaba sobre mi y con sus manos estaba desgarrando mi vestimenta.</p>
<p>En cuanto descubrió mi pene procedió a prácticamente devorarlo de un solo bocado para con esto comenzar lo que se llama un &#8220;fellatio&#8221;.</p>
<p>Un estremecimiento recorrió mi cuerpo y lo único que torpemente pude hacer fue acariciar su negra cabellera, mientras que atraía hacia mi pubis su cabeza.</p>
<p>Por esa delgadísima túnica pude ver un par de deliciosos senos y unas torneadas piernas que me invitaban a acariciarlas.</p>
<p>Aprovechando un momento en la que ella parecía perder el equilibrio me incorporé, pero más rápido que una saeta  ella me capturó de una pierna.</p>
<p>Con firmeza la tomé de los hombros, la levanté y repentinamente cayó la nívea y delgada túnica al suelo. Me vi entonces atraído por su exquisita anatomía femenina.</p>
<p>Besé su cuello, tomé con una mano su seno izquierdo y con mi otra mano acaricié su glúteo derecho. Empezó a gemir de tal manera que eso solo logró acelerar y fortalecer mi ataque.</p>
<p>La tumbé en la cama y separando ese par de columnas torneadas que ella tenía a modo de piernas, le penetré su vagina suave pero decididamente.</p>
<p>Mi cadera entonces comenzó ese movimiento de va y ven, siendo recompensado con la más hermosa vista que un hombre puede desear: Una mujer estremeciéndose.</p>
<p>Ella entonces se incorporó un poco y pidió con voz decidida que acelerara mis estrambóticos movimientos. Así lo hice y entonces esos gemidos eran prácticamente gritos.</p>
<p>Ella entonces saltó hacia mi de manera tan hábil que la penetración no se vio interrumpida. Ella ahora acompañaba a mis movimientos pélvicos con rítmicos movimientos ascendentes y descendentes.</p>
<p>De pronto ella hizo su cabeza hacia atrás y soltando un pronunciado y fortísimo gemido, entró en un orgasmo. Un líquido húmedo corría por mis piernas. Ella había experimentado una eyaculación femenina.</p>
<p>Yo entonces la deposité suavemente en la cama sin que se rompiese el contacto de la penetración. Con suavidad la hice voltear dándome la espalda y tras levantar amablemente su cadera, procedí a continuar con el acto sexual ahora en posición &#8220;a cuatro puntos&#8221;.</p>
<p>Era simplemente grandioso ver esa espalda, ese delicioso par de nalgas chocando contra mi pelvis y sentir la caricia de su vagina en mi pene.</p>
<p>Ella entonces rompió el contacto y tomando mi pene con su mano derecha, lo hizo apuntar hacia su cavidad esfinterial.</p>
<p>Acercando su trasero a mí y jalando de mi pene, lo siguiente se tornó inevitable: Penetración anal.</p>
<p>Confieso que aunque es algo que siempre me ha gustado practicar, me fue sorprendente no solo la decisión de ella, sino también esa sensación de firmeza y de lubricación de su músculo esfinterial y su macizo recto.</p>
<p>Ella comenzó a moverse hacia adelante y hacia atrás con un ritmo algo acelerado y yo entonces colocando mis manos a cada lado de su cadera, procedí a rítmicamente dar seguimiento a ese festín anal.</p>
<p>Ya no podía más. Mi fisiología exigía que eyaculase en ese instante. Aguantando un poco más e intentando romper con el contacto anal, quise separarme. Ella entonces con su voz en un tono demandante me exigió terminar dentro de ella.</p>
<p>Ante tal &#8220;petición&#8221; procedí a explotar en el más intenso orgasmo que había sentido en mi vida.</p>
<p>Temblando de placer me quedé un momento recostando mi pecho y cabeza sobre ella, apoyando mis manos en la cama. Recobré un poco la compostura y sintiendo ese latir de su recto y esfínter en mi pene, expulsé hasta la última gota de semen.</p>
<p>Ahora ella procedió a con un movimiento suave sacar mi pene de su ano. Lo llevó a su boca y como una cariñosa gatita procedió a lamerlo, causando en mi tremendos estremecimientos.</p>
<p>No pude más y caí exhausto pero extasiado en el lecho. Abrazándola por detrás y sintiendo sus redondos y firmes glúteos en mis piernas, quedé profundamente dormido.</p>
<p>¿Cuánto tiempo pasó? No lo se. ¿Qué pasó en ese intérvalo de tiempo? Tampoco lo se. ¿Dónde estaba ella? También era todo un enigma.</p>
<p>Procedí a vestirme con los girones que quedaban de mi ropa y salir a un corredor completamente solo y obscuro.</p>
<p>Ya no había sonidos, iluminación ni febril actividad en la enorme cocina. Ya no había ni una sola alma en esa enorme mansión. Caminé hacia la puerta e intentando abrirla, me di cuenta de que ahora yo me encontraba encerrado.</p>
<p>Caminé hacia un enorme ventanal y con un objeto pesado intenté romper un cristal. Al tercer intento y tras por fin ver recompensado con el éxito mi esfuerzo, procedí a salir de inmediato de ese lugar.</p>
<p>Salí a una calle obscura llena de un manto de niebla. Al voltear hacia atrás lo único que pude ver esa esa enorme y obscura mansión.</p>
<p>Llegué como pude ante la puerta de mi casa y, casi a punto de abrir la puerta encontré un sobre rojo con un coqueto moño negro de encaje. Rápidamente lo abrí y en un papelito blanco con letras negras se leía la palabra &#8220;Gracias&#8221;.</p>
<p>Atónito, me quedé un momento con sobre y papel en mi mano. De repente mi puerta se abrió y para mi asombro, ella estaba esperándome.</p>
<p>Quise hablarle y con su dedo índice en mis labios, acompañado de un susurrante siseo, acalló toda palabra que intentaba proferir. Con sus manos tomó mi cabeza y haciéndome firmemente, besó mis labios por un largo instante.</p>
<p>Fue entonces que con su tierna voz escuché esas delicadas palabras:</p>
<p>&#8220;Bienvenido a Tu Muerte&#8221;</p>
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		<title>Una cuestión de lujuria</title>
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		<pubDate>Wed, 06 Oct 2010 23:24:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pitonizza</dc:creator>
				<category><![CDATA[Relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[Las altas vibraciones de amor que estoy experimentando actualmente las describe Martin Gore perfectamente con esta maravillosa canción&#8230; Lujuria, ternura y sobre todo independencia. Dejar en libertad a la pareja teniendo la certeza de que ningún beso es el final, de que nos amamos en libertad, de que descansamos en los brazos del otro en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Las altas vibraciones de amor que estoy experimentando actualmente las describe Martin Gore perfectamente con esta maravillosa canción&#8230; Lujuria, ternura y sobre todo independencia. Dejar en libertad a la pareja teniendo la certeza de que ningún beso es el final, de que nos amamos en libertad, de que descansamos en los brazos del otro en esos momentos en que esperamos para volvernos a amar. </p>
<p>Sabes todo de mí, confío en ti. Todo se va a volver realidad. Es cuestión de tiempo. Soon.</p>
<p><object width="500" height="400"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/_APivadpC58?fs=1"></param><param name="allowFullScreen" value="true"></param><param name="allowscriptaccess" value="always"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/_APivadpC58?fs=1" type="application/x-shockwave-flash" width="500" height="400" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true"></embed></object></p>
<p><em>Fragile<br />
Like a baby in your arms<br />
Be gentle with me<br />
I&#8217;d never willingly<br />
Do you harm</p>
<p>Apologies<br />
Are all you seem to get from me<br />
But just like a child<br />
You make me smile<br />
When you care for me<br />
And you know</p>
<p>It&#8217;s a question of lust<br />
It&#8217;s a question of trust<br />
It&#8217;s a question of not letting<br />
What we&#8217;ve built up<br />
Crumble to dust<br />
It is all of these things and more<br />
That keep us together</p>
<p>Independence<br />
Is still important for us though (we realise)<br />
It&#8217;s easy to make<br />
The stupid mistake<br />
Of letting go (do you know what I mean)</p>
<p>My weaknesses<br />
You know each and every one (it frightens me)<br />
But I need to drink<br />
More than you seem to think<br />
Before I&#8217;m anyone&#8217;s<br />
And you know</p>
<p>It&#8217;s a question of lust<br />
It&#8217;s a question of trust<br />
It&#8217;s a question of not letting<br />
What we&#8217;ve built up<br />
Crumble to dust<br />
It is all of these things and more<br />
That keep us together</p>
<p>Kiss me goodbye<br />
When I&#8217;m on my own<br />
But you know that I&#8217;d<br />
Rather be home</p>
<p>It&#8217;s a question of lust</em></p>
<p>Martin Gore.<br />
Depeche Mode</p>
]]></content:encoded>
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		</item>
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		<title>Devoto amante virtual.</title>
		<link>http://www.eroticcas.com/devoto-amante-virtual/</link>
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		<pubDate>Mon, 06 Sep 2010 20:31:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Invitado</dc:creator>
				<category><![CDATA[Colaboraciones]]></category>
		<category><![CDATA[Difusión sexual]]></category>
		<category><![CDATA[Relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[Es curioso y a la vez sorprendente el darse cuenta de cómo con la edad ganamos experiencia, habilidades y apetitos mas sin embargo empezamos a perder ciertos encantos. No soy la excepción y para mi edad soy un &#8220;homo sapiens&#8221; de género masculino que aunque no feo, no me puedo considerar como material de concurso. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Es curioso y a la vez sorprendente el darse cuenta de cómo con la edad ganamos experiencia, habilidades y apetitos mas sin embargo empezamos a perder ciertos encantos.</p>
<p>No soy la excepción y para mi edad soy un &#8220;homo sapiens&#8221; de género masculino que aunque no feo, no me puedo considerar como material de concurso.</p>
<p>Como miembro de la comunidad cibernética de hoy, me encanta gozar de todas las herramientas que la Internet nos ofrece. Predominantemente aquellas que se consideran dentro de las redes sociales.</p>
<p>Desde que aún a dicho fenómeno no se le daba toda la atención he participado en las más importantes de ellas. También es mi costumbre el identificarme plenamente en ellas y nunca utilizo fotografías o imágenes que no se apeguen a mi hosca y nada agraciada realidad.</p>
<p>En esa ocasión y como sucedía en algunas otras, ingresé a la red y comencé a enviar mis &#8220;entradas&#8221; con la regularidad que mi inspiración dictó.</p>
<p>Sediento de compartir mis emociones del momento y empujado por un ferviente deseo a ir mas allá de unos cuantos caracteres, coloqué una entrada a mi Blog favorito.</p>
<p>Sin falsas pretensiones y simplemente poniendo la honestidad, el alma y por qué no volcando mis más febriles deseos, envié mi entrada.</p>
<p>Una vez publicada simplemente la releí para revisar con otra óptica cuánto había dejado de mis más hondos sentimientos en esas líneas.</p>
<p>La verdad he de admitir que si me asombré un poco de cuánto pude expresar en esa aportación al Blog. Más aún cuando llegó como respuesta el primer comentario de ella.</p>
<p>Su comentario era fuerte, audaz pero nunca vulgar o &#8220;salido de tono&#8221;. En palabras directas pero correctas y con una redacción clara expresaba lo que sentía como resultado de mis textos.</p>
<p>Me quedé mudo y petrificado ante tal respuesta. Nunca imaginé y mucho menos esperé que mi prosa tuviese ese impacto.</p>
<p>Llegaron más comentarios. Algunos con contrasentidos que la verdad no quise ni leer. Otros definitivamente muy ilustrativos, pero ninguno como el de ella.</p>
<p>Siguiendo los protocolos que marca la decencia y la educación, contesté con agradecimiento franco y honesto a su muy amable y especial comentario.</p>
<p>Mi sorpresa fue aún mayor cuando su siguiente misiva hizo acto de presencia en mi programa para lectura de correo electrónico.</p>
<p>Sin rebuscamientos, directa y francamente expresaba más cosas de lo que para ella había representado eso que escribí.</p>
<p>Mi asombro se multiplicó. Nunca había recibido una respuesta tan franca, decidida y de manera tan directa.</p>
<p>Tras intercambiar sendas misivas electrónicas, acordamos una fecha y una hora para poder realizar una vídeo conferencia.</p>
<p>La hora señalada se acercaba. Por toda mi rubicunda corpulencia surcaban oleadas de calor y estremecimientos como cuando se tiene fiebre.</p>
<p>La hora pactada estaba cada vez más cercana y me dí cuenta con grato asombro, que mi comportamiento era como el de un adolescente. Un adolescente bastante crecidito y vividito, esperando a una mujer.</p>
<p>La hora llegó y en ese sitio pactado comenzó el intercambio virtual.</p>
<p>No podía creer lo que mis ojos veían. Qué mujer mas hermosa estaba viendo yo. No era una fotografía, no era un vídeo previamente grabado. Era una diosa que al otro lado de la línea estaba conversando conmigo.</p>
<p>Al principio tímido y poco a poco un poco más animado conversé un buen rato con ella. Todo transcurría de una manera tan linda y sublime, que mis nervios empezaban a ceder por un sentimiento de admiración, gusto y por qué no decirlo EXCITACIÓN.</p>
<p>Mis comentarios y los de ella comenzaron a ser más audaces y sin darme cuenta, ella estaba consintiéndome. Ella estaba realizando esos pequeños caprichos que le solicitaba.</p>
<p>Pronto no pude más y cuando sugerí que retirara su delgada blusa, ella mostró un par de hermosísimos senos. Esos senos que obsequian al que los observa un deseo irrefrenable de acariciarlos y besarlos.</p>
<p>Enmedio de tan divinas y redondas prominencias pectorales, moraban sendos pezones rosáceos que contrastaban con esa piel morena casi obscura.</p>
<p>Ese rostro tierno y a la vez apasionante estaba adornado por unos labios carnosos, unos divinos ojos azules y un cabello largo y rubio.</p>
<p>No era posible que tan bellísimo ser estuviese conversando casi desnuda conmigo.</p>
<p>Pronto ella comenzó a moverse de una manera altamente sugerente y sugestiva. Mi temperatura corporal iba en aumento y la respiración era agitada, pesada.</p>
<p>Mi corazón palpitaba en una estampida sin control que rompía el silencio de esa habitación. Decidí desabrochar mi pantalón.</p>
<p>Ella entonces comenzó una deliciosa danza movida por el deseo. Mientras se acariciaba a si misma todo el torso, yo discretamente y fuera de su vista ya tenía una erección.</p>
<p>Casi se me salen los globos oculares de sus órbitas cuando ella procedió a retirarse toda la ropa. Ahí estaba ese monumento de mujer. Hermosa, altiva, grande.</p>
<p>Creada por los mismísimos dioses y con unas deliciosas formas redondas en todo su cuerpo, ella comenzó a tocarse suavemente sus genitales.</p>
<p>Yo veía con asombro, excitación y hasta un dejo de temor tan grata, maravillosa y lujuriosa escena. Era realmente una experiencia fuera de este mundo.</p>
<p>Le externé casi sin aliento cuan excitado estaba y que siendo franco y honesto, mi mano izquierda estaba frotando furiosamente mi miembro viril.</p>
<p>Ella no lo tomó a mal. Más bien imprimió más fuerza a su erótica danza y entonces pasó lo que nunca imaginé. Ella procedió a utilizar un objeto para dar rienda suelta a su deseo.</p>
<p>Era un delicado trozo de cristal que al parecer estaba moldeado exprofeso para realizar esa actividad masturbatoria. Con una punta completamente esférica y con una continuación helicoidal como un suave tornillo.</p>
<p>Alcancé a distinguir cómo suave pero diligentemente lubricaba ese vítreo artefacto como imitando una masturbación masculina.</p>
<p>Dejó de lado el lubricante para como yo lo esperaba, empezar a introducir el falo de cristal en su vagina.</p>
<p>Con rítmicos y deliciosos movimientos movía su instrumento hacia adentro y hacia afuera, mientras que en su hermoso rostro se empezaba a dibujar un placer extremo.</p>
<p>Absorto en esa danza erótica y a la vez sensual, mis dedos volaban escribiendo y tratando de describir todo lo que veía.</p>
<p>Un calor intenso recorrió todo mi ser y súbitamente sentí como si mi pene fuese esa figura transparente.</p>
<p>Repentinamente pero con toda gracia, apoyando sus pies en ese sillón de piel, levantó su cadera y apuntando la pieza cristalina a la cavidad anal, procedió a sentarse suavemente sobre ella mientras en su cara se dibujaba una mezcla de extremo placer y deliciosa ansiedad.</p>
<p>Ahora era su bellísimo ano el que estaba siendo agasajado por el dildo. Sus dedos atacaban también su vagina y ahora todo su cuerpo se estremecía.</p>
<p>Era genial, maravilloso, único. Fuerte pero a la vez exquisitamente excitante. Ella estaba en ese momento a punto de un orgasmo cuando sin darme cuenta y como si una mágica conexión nos enlazara, sincronizadamente estallamos en un feroz y brutal orgasmo.</p>
<p>Nuestros ahogados gemidos retumbaban en cada Bit y en cada Byte que iba y venía por la red. Saciados y felices nos miramos mutuamente y entre jadeos y estremecimientos, apenas pude decirle lo que un humilde siervo dice a su ama cuando ha recibido ese regalo tan hermoso y celestial: GRACIAS&#8230;</p>
<p>Como si estuviésemos acostados en el lecho nos acurrucamos cabeza con cabeza a través de los fríos monitores. Con voz trémula y placentera nos decíamos cosas que reforzábamos con caricias virtuales en la imagen correspondiente.</p>
<p>Virtualmente nos besamos como locos y ahora ya no había más presencia en el mundo que ella y yo.</p>
<p>Era de madrugada cuando nos despedimos. Ella y yo habíamos tenido la experiencia virtual más maravillosa de nuestras vidas. Tras acordar vernos otra vez en ese nuestro refugio virtual, perdimos todo contacto uno del otro.</p>
<p>Hoy no me cabe la menor duda que, este tosco, feo y regordete animal que soy, ha tocado aunque sea por un instante eso que otros llaman petulantemente &#8220;El Nirvana&#8221;.</p>
<p><a href="http://www.eroticcas.com/wp-content/uploads/tdomf/814/tumblr_l7jw5tMuqq1qzoaedo1_500.jpg"></a><a rel="attachment wp-att-816" href="http://www.eroticcas.com/wp-content/uploads/tdomf/814/tumblr_l7jw5tMuqq1qzoaedo1_500.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-816" title="diosa.jpg" src="http://www.eroticcas.com/wp-content/uploads/tdomf/814/tumblr_l7jw5tMuqq1qzoaedo1_500.jpg" alt="" width="478" height="700" /></a></p>
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		<title>Esclavo de su deseo&#8230;</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Sep 2010 16:16:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Invitado</dc:creator>
				<category><![CDATA[Difusión sexual]]></category>
		<category><![CDATA[Relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[Eran ya cinco minutos después de la hora señalada para la entrada. Apresuré el paso para poder acortar aunque fuese ilusoriamente la ya muy poca distancia que me separaba de mi oficina. Afortunadamente el elevador acababa de llegar y casualmente (aleluya) también tenía programado el piso al que yo debía subir. Ya en mi cubículo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Eran ya cinco minutos después de la hora señalada para la entrada. Apresuré el paso para poder acortar aunque fuese ilusoriamente la ya muy poca distancia que me separaba de mi oficina.</p>
<p>Afortunadamente el elevador acababa de llegar y casualmente (aleluya) también tenía programado el piso al que yo debía subir.</p>
<p>Ya en mi cubículo procedí a la rutina de desempacar mis bártulos laborales y servirme una taza de café.</p>
<p>En la atestada cocinita no había casi espacio, por lo que solicitando permiso y empujando, pude tomar mi taza, servirme mi café y regresar a mi estación de trabajo.</p>
<p>Al llegar noté que en mi escritorio había un pequeño sobre color negro, con un coqueto moñito blanco hecho con un encaje bastante minúsculo. Sorprendido por el espontáneo y anónimo obsequio, me quedé un momento de pié viéndolo.</p>
<p>Discretamente miré por el rabillo del ojo a ambos lados y nadie parecía demostrar que era esa persona &#8220;anónima&#8221; que dejó tan interesante objeto.</p>
<p>Me senté pesadamente en mi silla y poniendo atención a mis mensajes discretamente comencé a abrir el sobre.</p>
<p>Al ser abierto el sobre despidió un aroma muy delicado y a la vez delicioso. Asomaba ya el contenido del sobre y se notaba una linda caligrafía hecha a mano, presumiblemente femenina.</p>
<p>Contesté una llamada y mientras entregaba verbalmente cierta información procedí a tomar esa nota. De repente mi sorpresa fue tal que dejé de poner atención a mi llamada.</p>
<p>En ese trozo de papel mantequilla venía escrito con tinta china la frase: -&#8221;&#8230;quiero que Tú me llenes completamente de un intenso placer sexual&#8221;-</p>
<p>Como pude terminé mi llamada no sin tener que disculparme en varias ocasiones con mi interlocutor, pues estaba realmente turbado con ese misterioso mensaje.</p>
<p>Atónito, con la mirada fija aún en la nota, simplemente procedí a guardarla de nuevo en su discreto sobre. Puse la nota en el bolsillo de mi camisa y traté de retomar concentración y compostura en el sanitario.</p>
<p>Solo en esa habitación, mirándome al espejo procedí a lavarme la cara con agua fría. Tras tomar un poco de ánimo regresé a mis labores.</p>
<p>Pasaron algunas horas y confieso que ese extraño pero muy enigmático y a la vez y por qué no agradable acontecimiento, se me habían olvidado.</p>
<p>Llegó la hora de tomar el almuerzo y mientras pedía mi elevador, una voz femenina me dijo en un delicado y estremecedor susurro: -&#8221;&#8230;no me mires, sigue viendo al frente. Te espero después de la salida en la sala de juntas&#8221;-.</p>
<p>Intenté ver de quién se trataba, pero inmediatamente increpó: -&#8221;&#8230;no voltees. Si volteas todo acabó&#8221;-.</p>
<p>Se abrió la puerta del elevador y como por arte de magia esa voz y quien la profirió no estaban más a mi lado. En el espejo que estaba en el fondo del elevador no se veía mas que mi petrificada corpulencia.</p>
<p>Subí al elevador y tras llegar al pequeño expendio de alimentos, no estaba seguro ya si quería almorzar algo. La verdad estaba temblando.</p>
<p>Pedí un &#8220;sandwitch&#8221; de atún, un jugo de naranja y tras engullirlos de manera casi inconsciente, retorné a laborar.</p>
<p>Así pasó el tiempo entre llamadas, mensajería electrónica, reportes, pedidos, agendado de pláticas y cursos. La tan ansiada hora de salida llegó.</p>
<p>No era extraño para nadie el que yo me quedar hasta altas horas de la noche en la oficina, por lo que simplemente tras responder a los amables mensajes de despedida procedí a esperar.</p>
<p>Solo y sin nadie mas al rededor me acerqué cautelosamente a la sala de juntas. El sobrecito aún en el bolsillo de la camisa escuchaba perfectamente los agitados latidos de mi corazón.</p>
<p>Estiré mi mano para abrir la puerta y esta se abrió suavemente. Oteando por el espacio entre la puerta y el marco de la misma, no se veía nada. Solo obscuridad.</p>
<p>Comencé a entrar a la sala y la voz me dijo con suavidad: -&#8221;&#8230;pasa hasta el fondo y siéntate en ese sillón.</p>
<p>El único sillón que se alcanzaba a distinguir en la obscura sala estaba separado un par de metros de la mesa de consejo. Con pasos firmes pero lentos llegué al sillón y con calma procedí a sentarme.</p>
<p>Alcancé a distinguir una delicada forma femenina que se recortaba en ese claro-obscuro que ahora inundaba la sala.</p>
<p>Era una bella figura femenina menudita y delgada. Su exquisito cuerpecito con muy femeninas y redondas formas expedían ese perfume que estaba presente en el sobrecito y la nota.</p>
<p>Se acercaba a mí y tras simplemente hacerme una seña de guardar silencio, se sentó en la mesa de consejo y se reclinó hacia atrás.</p>
<p>Su negro y hermoso cabello calló en esa mesa y delante de mi estaba ese bellísimo pubis que de manera al principio tímida procedí a tocar.</p>
<p>Sus delicados vellos enmarcaban un par de tiernos labios, que sin que nadie me dijese nada yo sabía que tenía que hacer.</p>
<p>Saqué un poco mi lengua y comencé a degustar ese sagrado manjar. Con movimientos lentos y delicados ascendentes y descendentes acaricié esa rosácea vagina.</p>
<p>Cada que mi lengua tocaba su redondito clítoris ella se estremecía y profería un delicado gemido. Yo comencé a excitarme y a experimentar un intenso calor en mi cara.</p>
<p>Tomé con mis manos su cadera y atrayéndola a mi boca, besé su vagina con intenso frenesí. Toda mi lengua estaba ahora en su femenina y húmeda cavidad.</p>
<p>Con movimientos lentos pero decididos metía y sacaba mi lengua y eso parecía gustarle, pues de inmediato se incorporó para con sus dos brazos aferrarme fuertemente a su pubis.</p>
<p>Loco de excitación ataqué esos genitales femeninos con ardorosa pasión, hasta que ella tomándome de mis cabellos me separó de mi festín.</p>
<p>Me puse de pié y ella se arrodilló ante mi. Me desabrochó el cinturón con sus manos mientras que con su mejilla acariciaba mi pene por encima del pantalón.</p>
<p>En cuanto ella desnudó mi falo, abrió su boca y sacando un poco su lengua procedió a deglutirlo como si se tratase de una ostia.</p>
<p>Con sus manos en mis glúteos me hacía acercarme más a ella. Yo sentía con hondo placer como mi pene era literalmente tragado. La sensación de mi glande en su garganta era indescriptible.</p>
<p>Con denuedo y con esa excitación ya en ambos, la separé amable y suavemente de mi pene y tras tomarla de la espalda y glúteos, la cargué sobre mí para penetrarla.</p>
<p>Ella en vilo y yo elevándola y bajándola rítmicamente, con mi pene en su vagina, comenzó esa danza frenética. Sus movimientos estrambóticos y rítmicos acompañados de esos ya no tan silenciosos gemidos, me hicieron hervir aún más mi sangre.</p>
<p>Ella estalló en un orgasmo y temblando me pidió detenerme un momento. Tiernamente acurrucó su cabeza en mi hombro y entre jadeos orgásmicos me dijo: -&#8221;&#8230;ponme en el suelo por favor&#8221;-.</p>
<p><a rel="attachment wp-att-808" href="http://www.eroticcas.com/wp-content/uploads/2010/09/eroticcas.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-808" title="eroticcas" src="http://www.eroticcas.com/wp-content/uploads/2010/09/eroticcas.jpg" alt="" width="430" height="302" /></a>La hice descender delicadamente y ella entonces me dio la espalda. Se inclinó completamente y con su mano tomó mi pene. Tirando suavecito de él me hizo acercarme a sus glúteos.</p>
<p>Ella entonces me dijo con su voz queda: -&#8221;&#8230;quiero tu lengua&#8221;-. De inmediato entendí su deseo. Me hinqué delante de sus carnosas nalgas, las separé con mis manos y coloqué mi lengua en su esfínter anal.</p>
<p>Comencé a lamer el borde de la estrecha cavidad y noté que ella temblaba en cuanto con mi lengua pasaba por el centro de ese tierno anito.</p>
<p>Entonces ella con su mano izquierda abrió más mi panorama y ahora mi lengua degustaba esos delicados pliegues y algo del interior de su esfínter.</p>
<p>Con movimientos de &#8220;va y ven&#8221; ella provocaba que mi lengua entrara cada vez más a su ano. Así seguimos un pequeño lapso de tiempo hasta que con una voz decidida y mostrándome sus bellísimos ojos negros me ordenó: -&#8221;&#8230;penétrame completamente&#8221;-.</p>
<p>Me puse de pié. Tome mi pene con la mano derecha y acercándolo a su ano, procedí a insertarlo en ese vórtice del placer supremo.</p>
<p>Ella respondió acercándose más. Con un gemido ahogado ella terminó de introducirlo por completo. Se puso de pié con mi miembro viril completamente dentro de su ano y tomando mis manos las colocó en su enhiesto y firme par de senos.</p>
<p>Ahora la imaginación y el instinto se apoderaron de los dos. Ella con sus movimientos, yo con mi penetración y ese manipular de sus senos, nos fundimos por completo en un perfecto mecanismo que provocaba el más intenso placer sexual.</p>
<p>Ella arremetió con más fuerza, yo ya no podía más y en medio de un grito orgásmico de ella y mío, eyaculé dentro de su esfínter como nunca.</p>
<p>Los movimientos peristálticos de su recto exprimieron hasta la última gota de mi semen. Yo estaba placenteramente exhausto.</p>
<p>Sin poder más y casi inconscientes caímos al piso. Yo la abrazaba por detrás. Mi pene ya flácido pero agradecido, descansaba entre ese par de músculos redondos, viendo fijamente a ese ano que tanto placer le había obsequiado.</p>
<p>Yo besaba sus hombros y acariciaba sus senos con mis manos. Ella entonces dijo: -&#8221;&#8230;gracias. Esto es realmente lo que esperaba&#8221;-.</p>
<p>Tras pasar un par de horas, me desperté en una sala de juntas vacía. Mi ropa estaba perfectamente acomodada y encima de el sobrecito negro estaba ahora un sobrecito rojo.</p>
<p>Tras retirar con paciencia ese delicado moño negro, saqué con impaciencia la perfumada nota que en él se guardaba.</p>
<p>Con bellas letras femeninas hechas a mano, la tinta china en ese papel mantequilla decían: -&#8221;&#8230;ahora puedo morir en paz&#8221;-.</p>
<p>No recibí más sobres. No pude saber nunca quien era. Tras poner atención pude constatar que ella, la damita más anónima y pequeña del área, había fallecido.</p>
<p>Me sentí morir. Había sido su última voluntad y ella había impreso en mi y para siempre su perfume, su voz, sus ojos, su cuerpo y por sobre todo, lo que era realmente sentir intenso placer sexual.</p>
<p>Descansa en paz. Descansa en mí.</p>
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		<title>El sexto</title>
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		<pubDate>Sat, 28 Aug 2010 00:59:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pitonizza</dc:creator>
				<category><![CDATA[Relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[Llevé la cuenta hasta los 28 años. Creo que conté hasta el 20 o 30, ya no recuerdo. Lo que nunca olvido fueron los primeros. Y de esos, el sexto especialmente, talvez ese número lleva implícito el sexo, por ello será que la atracción no se ha diluído a pesar de que los años acaban [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Llevé la cuenta hasta los 28 años. Creo que conté hasta el 20 o 30, ya no recuerdo. Lo que nunca olvido fueron los primeros. Y de esos, el sexto especialmente, talvez ese número lleva implícito el sexo, por ello será que la atracción no se ha diluído a pesar de que los años acaban con la novedad. No en esa ocasión. Y así sucedió.</p>
<p>Aquella ocasión que salí sin una intención sexual, sin perfumarme el centro de los pechos como lo hago cuando tengo la certeza de que tendré un encuentro cercano&#8230; sin elegir cuidadosamente la lencería que quiero ver volar por los aires&#8230; sin ninguna preparación previa.<br />
<a rel="attachment wp-att-797" href="http://www.eroticcas.com/wp-content/uploads/2010/08/delicioso.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-797" title="delicioso" src="http://www.eroticcas.com/wp-content/uploads/2010/08/delicioso.jpg" alt="" width="294" height="432" /></a><br />
Pero el magnetismo erótico llena de tensión cualquier recinto cerrado que me tenga junto a él. Inevitablemente mis labios se entreabren esperando recibir los suyos, me vuelvo arcilla caliente, moldeable, flexible entre tus manos. Y empiezo a lubricarme, pues mi cuerpo sin pensarlo se prepara para darle la bienvenida en mis cavidades.</p>
<p>Y así fue. Primeros besos adolescentes como años atrás nos dábamos a hurtadillas. Mi cuerpo serpenteando rodeándolo, recibiéndolo. Hasta encontrar un refugio blando que nos acoja. Voy perdiendo la ropa, dejando de controlar mi respiración. Y florezco ante su falo que se yergue rindiéndome pleitesía, y que degusto golosa, como siempre lo hice.</p>
<p>Lo nuevo de esta vez fue haberle ofrecido por primera vez acceso a aquel túnel secreto, privado, oscuro que suelo reservar para esas ocasiones que quiero sean inolvidables. Me quedo con el sabor, la trepidación pélvica, el sopor que sigue y que permanece por horas.</p>
<p style="text-align: right;"><em>&#8220;Serán los privilegios de haber sido el sexto y no el primero.&#8221;</em></p>
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		<title>Sexo en el matrimonio</title>
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		<pubDate>Fri, 09 Jul 2010 01:59:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pitonizza</dc:creator>
				<category><![CDATA[Relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[A lo mejor es muy prematuro para mí ufanarme de no haber perdido la viveza sexual en mi matrimonio. Eustaquio y yo no hemos cumplido ni medio año de casados&#8230; pero nos comportamos como dos cómplices que aún sienten deseos de esconderse en el baño de una fiesta de amigos. O juguetear con nuestros pies [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.eroticcas.com/wp-content/uploads/2010/07/sexo.jpg" rel="attachment wp-att-792"><img src="http://www.eroticcas.com/wp-content/uploads/2010/07/sexo.jpg" alt="" title="sexo" width="392" height="250" class="aligncenter size-full wp-image-792" /></a>A lo mejor es muy prematuro para mí ufanarme de no haber perdido la viveza sexual en mi matrimonio. Eustaquio y yo no hemos cumplido ni medio año de casados&#8230; pero nos comportamos como dos cómplices que aún sienten deseos de esconderse en el baño de una fiesta de amigos. O juguetear con nuestros pies en un restaurante público. O hacer cositas en el garaje, en el carro, en la terraza, sin importarnos nada, como dos adolescentes. Mi marido parece tener la misma desvergüenza sexual que tengo yo, nos encanta quedarnos solos en casa los domingos para retozar desnudos todo el día, de forma natural, así vivimos, así nos amamos. Es para mí una fortuna haber conseguido un hombre con la suficiente potencia para dejarme satisfecha, con la suficiente hombría para levantarme de la cama a media noche para hacer el amor, con la suficiente fuerza para beber de mi cuerpo insaciablemente. Es maravilloso pensar que ese hombre está a mi lado, que él es mi almohada, mi compañía, mi pareja, esa media naranja de la cual leí en mi juventud. Y espero estar con él para descubrir el sexo geriátrico, que a su lado, intuyo tampoco será decepcionante como decían que era el sexo en el matrimonio.</p>
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