El sexto
Llevé la cuenta hasta los 28 años. Creo que conté hasta el 20 o 30, ya no recuerdo. Lo que nunca olvido fueron los primeros. Y de esos, el sexto especialmente, talvez ese número lleva implÃcito el sexo, por ello será que la atracción no se ha diluÃdo a pesar de que los años acaban con la novedad. No en esa ocasión. Y asà sucedió.
Aquella ocasión que salà sin una intención sexual, sin perfumarme el centro de los pechos como lo hago cuando tengo la certeza de que tendré un encuentro cercano… sin elegir cuidadosamente la lencerÃa que quiero ver volar por los aires… sin ninguna preparación previa.

Pero el magnetismo erótico llena de tensión cualquier recinto cerrado que me tenga junto a él. Inevitablemente mis labios se entreabren esperando recibir los suyos, me vuelvo arcilla caliente, moldeable, flexible entre tus manos. Y empiezo a lubricarme, pues mi cuerpo sin pensarlo se prepara para darle la bienvenida en mis cavidades.
Y asà fue. Primeros besos adolescentes como años atrás nos dábamos a hurtadillas. Mi cuerpo serpenteando rodeándolo, recibiéndolo. Hasta encontrar un refugio blando que nos acoja. Voy perdiendo la ropa, dejando de controlar mi respiración. Y florezco ante su falo que se yergue rindiéndome pleitesÃa, y que degusto golosa, como siempre lo hice.
Lo nuevo de esta vez fue haberle ofrecido por primera vez acceso a aquel túnel secreto, privado, oscuro que suelo reservar para esas ocasiones que quiero sean inolvidables. Me quedo con el sabor, la trepidación pélvica, el sopor que sigue y que permanece por horas.
“Serán los privilegios de haber sido el sexto y no el primero.”


Deja un comentario.
Comentarios irrespetuosos o fuera de lugar no verán la luz del sol