Fin de semana en el cielo
Eva y Angel son una pareja algo peculiar, los conozco desde hace años, pero no siempre fue asÃ.
Jamás hubiera pensado que al final terminarÃan juntos, se conocÃan desde hacÃa tiempo pero ni tan siquiera se cruzaban una mirada.
Eva se fue a vivir lejos, encontró una pareja y a los dos años de estar con él, se casaron. No tardó mucho en tener a su primer hijo y tras dos años de matrimonio tuvo el segundo.
Ella pensaba que su relación era perfecta, que habÃa conocido al hombre de su vida, pero en cambio no se dio cuenta hasta mucho después, que él estaba metido en un asunto que a ella no le gustaba lo mas mÃnimo.
Rodeado de amigos y ambientes poco saludables, su marido fue sumergiéndose en el mundo de la droga, con la consecuencia que eso trae, pues en poco tiempo, su relación familiar fué perdiéndose, tanto con su pareja como con sus hijos.
Eva, un dÃa armada de valor y sentándose frente a él, le propuso cerrar su relación y olvidarse de todo.
La separación ya la veÃan venir desde hacÃa tiempo y ahora ya no habÃa vuelta a tras.
Desde ese momento, Eva se endureció y decidió que lo único y más importante de su vida serÃan sus hijos. Trabajaba de sol a sol, para sola seguir con la vida que deseaba, más plena aún de lo que ella imaginaba.
Angel, no se casó, no tuvo hijos y aunque sà se independizó de sus padres, seguÃa viviendo una vida de nocturnidad, entradas y salidas de chicas en su casa, fiestas y diversión sin reparos.
La vida de Angel es aquella que cualquier hombre desearÃa tener, la que muchos anhelan poder vivir o poder decir que la han vivido.
Pasaron los años y en un dÃa de esos que no se programan, en el bautizo de un familiar común, coincidieron de nuevo.
Durante todo con convite estuvieron hablando y conversando sobre la vida que hasta ahora cada uno habÃa vivido, y lo que vivieron años atrás sin pensar en ningún momento que en realidad habÃa algo entre ellos , que ninguno fue capaz de trasmitir al otro.
Admitieron los dos del sentimiento recÃproco que habÃa y que jamás ninguno de los dos fue capaz de admitir.
A él le asustaba los comentarios que ella hacÃa sobre la familia, matrimonio y todo lo que supone. Ella AdmitÃa no estar preparada para mantener una relación seria.
Al pasar los años y estar de nuevo juntos, todo cambió. Ahora él sentÃa que necesitaba de alguien mas seguro, se empezaba a sentir solo, pues todas aquellas relaciones esporádicas no le llenaban del todo.
Ella en cambio con todo el sufrimiento que habÃa pasado optaba tan solo a tener una relación sin compromisos, sin complicaciones y vivir el dÃa a dÃa.
Todo comenzó allÃ, empezaron saliendo de vez en cuando, una cena, cine, copas y sólo los fines de semana pues habÃa algo que los separaba, ella vivÃa a casi 300 kilómetros.
La única unión entre ellos durante la semana era un ordenador o una simple llamada telefónica, se contaban y se iban conociendo poco a poco, mientras al mismo tiempo recuperaban el tiempo perdido años atrás.
Los fines de semana unas veces era él el que iba a verla y otras ella la que venÃa, asà cada cinco dÃas estaban juntos deseando no acabar esos dos dÃas que vivÃan juntos.

Pasaron meses asà y aún viven esa vida, pero uno de esos fines de semana fue especial y diferentes al resto.
Angel sabiendo que pronto serÃa el cumpleaños de Eva, decidió darle una sorpresa.
El viernes tras acabar su trabajo al mediodÃa y con el volante en las manos, decidió ir a visitarla. Ese fin de semana era ella la que se suponÃa que debÃa ir a verlo a él, pero Angel se presentó en su casa ese viernes sin ella saberlo.
Alegrada por verlo y a la vez sorprendida, él la invitó a que preparara algo de ropa para pasar fuera los dos dÃas.
Durante el pequeño viaje que estaban haciendo, no paraba de preguntarle cuál era el destino y él sin mediar palabra sólo respondÃa con un ,”ya lo verás”.
Cada vez más se adentraban en unos caminos que conducÃan hacia la sierra, la carretera serpenteante los iba conduciendo cada vez más arriba, el paisaje poco a poco se iba convirtiendo en muy montañoso, vegetación frondosa y arboleda centenaria.
Hasta que por fin al lado de la carretera, una verja deja entrever un camino que lleva al final a una casa rural.
Eva, entusiasmada no para de decirle la ilusión que todo aquello le supone, a lo lejos ve una bonita casa rural, junto a ella un riachuelo que brota de la montaña y un jardÃn frontal que la adorna.
Construida en piedra y rematada con una gran chimenea, ya preparada por el dueño que la alquila y los esperaba, bajan del coche y entran en ella.
El dueño les da las llaves y despidiéndose se va, deseándoles una feliz estancia.
Eva no termina de creer todo aquello y sin decir nada se monta en brazos de Angel y lo besa agradeciéndole todo aquello que habÃa planeado por su cumpleaños.
Ya empieza a anochecer, entran en la casa para descubrir todo su interior. Una vez acomodados y sintiendo el calor de la chimenea, Angel le propone que se de un buen baño mientras cocina la cena.
El salón tiene dos alturas diferenciadas, en una, dos sofás pegados a la chimenea, una inmensa alfombra en el suelo y una pequeña mesa, y en la otra una mesa de comedor con 6 sillas y un recibidor que da a la entrada de la casa por un lado, por el otro a la cocina y el pie de la escalera que conduce a las habitaciones.
Mientras Eva se baña, Angel termina de preparar la cena, sube al baño y encuentra a Eva tumbada y relajada en una gran bañera de estilo antiguo, al abrir la puerta siente el calor que hay dentro, el espejo empañado y las paredes humedecidas.
Ella no duda ni un momento a invitarlo a compartir la bañera, y desnudos los dos comienzan un sin parar de carÃcias con la esponja, frotándose el uno al otro todo el cuerpo.
Sus manos bajo el agua juegan y con unos simples movimientos comienzan a fundirse en deseos de sexo.
Aprovechando la erección de él, Eva no piensa en otra cosa que hacer el amor por primera vez en esa casa, y dejarse llevar por la situación.
Una vez acabado y rodeados por un albornoz, salen del baño y se dirigen al salón para cenar.
Ella prepara la mesa y él se dedica a ir sacando la cena y un par de copas de cava con una botella que el casero de antemano habÃa metido en el frigorÃfico esa misma mañana, y tan solo con la luz de la chimenea comienzan a cenar y beber mientras charlan de lo que será ese fin de semana que a ella la transportará al mismÃsimo cielo.
Algo tocados por el cava, la cena concluida, la chimenea sin parar de generar un ambiente cálido y sin la influencia de una televisión ni nada que los moleste, se sumergen ambos en el sólo pensamiento de deseo, placer y sexo sin lÃmites.
Besándose y tocándose bajo los albornoces, tirados en la alfombra y bajo la luz de la madera ardiendo, empiezan a jugar con sus cuerpos para ir poco a poco aumentando el deseo de ambos.
La boca de ella juega con su miembro mientras su lengua se funde dentro de ella, los sabores y las estimulaciones que sienten hace que de vez en cuando la besarse se fundan sus fluidos con sus lenguas.
Comienzan a penetrarse, follando con posturas diferentes y en pequeñas pausas volviendo a lamerse el uno al otro para acentuar la excitación.
Durante horas intercambian juegos con penetración, abrazos y caricias, presiones y dureza. Se dejan llevar por la situación disfrutando como no lo habÃan hecho hasta ahora.
Sus mentes solo están en ese momento, el deseo los lleva a follar una y otra vez sin descanso, sus fluidos se desatan mojándolos con una suave y cálida humedad.
Agotados, desnudos y bajo una manta se quedan dormidos junto a la chimenea. A las pocas horas empieza a amanecer y un filo de luz entra por una ventana que hace despertar a Eva.
No queriendo hacerlo, pero deseosa de no perder la oportunidad, despierta a Angel y abrazados, juntos y rodeados por la manta salen de la casa para admirar el amanecer en la montaña.
Una gran niebla tan solo deja ver los picos de las montañas más altas mientras, les da la sensación de estar viviendo junto al cielo.
Entran de nuevo y bajo la manta, él la sienta en la mesa del comedor, la tumba y comienza a follarla de nuevo, mientras ella con sus piernas lo abraza y gime de placer corriéndose los dos de nuevo y disfrutando de esa mañana.
El dÃa transcurre, pasean por la montaña abrazados y disfrutando de ese fin de semana inolvidable.
Durante el paseo por la montaña y ya con el sol calentando el clima, encuentran una ladera de hierba donde se contempla el paisaje, y como si estuvieran viviendo una pelÃcula de amor y romance, se tumban y revuelcan sobre la hierba aún mojada por el rocÃo y desnudándose se empiezan comer de nuevo los cuerpos.
El tumbado y ella encima suya con la postura del número preferido por muchos, queda el coño de ella a la altura de sus labios que lamen sin parar y la polla de él es chupada y besada por ella.
Ella juega con su boca mientras sus manos masajean sin parar arriba y abajo, la lengua de él juega con su clÃtoris y el interior de su coño húmedo.
Ambos se corren, dejando los fluidos en sus labios y saboreándolo como si de un manjar de la naturaleza se tratara.
Al regresar a la casa y ya transcurrido parte del dÃa almuerzan y descansan juntos en el sofá, para recuperar algo de fuerzas y con esa noche acabar el fin de semana.
Durante esa noche y sin ellos tener la mas mÃnima intención, se quedan dormidos en la cama. Sus cuerpos rotos por lo intenso de las horas transcurridas no resisten más.
Pero durante la madrugada como si de un sueño se tratara, sus mentes dormidas pero sus cuerpos despiertos empiezan a follar de nuevo en un éxtasis de deseo.
Mientras Eva se deja llevar Angel va introduciendo un dedo detrás de otro en su vagina haciéndola cada vez más amplia, mientras ella no para de gemir por el placer que le trasmite y en un leve impulso de la mano y lubricado por los fluidos introduce su mano dentro corriéndose ella de un placer que nunca habÃa imaginado.
En un impuso repentino de Eva se vuelca sobre su cuerpo e introduce la polla de Angel tan profundo que la siente en su garganta y con tan solo unas pocas acometidas nota como se corre dentro notando el calor de su leche en la boca.
Al dÃa siguiente y mientras se metÃan en el coche, sus cabezas se giran por última vez para dejar atrás el recuerdo de ese fin de semana que nunca olvidarán.
Casi imposible serÃa repetirlo, yo dirÃa que incluso se podrÃa copiar o igualar, pero por ser como fue, por como coincidió todo y como transcurrió, creo que jamás podrán estar tan cerca del cielo en tan solo dos dÃas.
Shark


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