Sexo casual
Supongo habré dado la impresión de ser una mujer promiscua, que se acuesta con el primero que se lo propone, que fácil y alegremente tiene sexo con cualquiera, calzón flojo como lo llaman en mi tierra. Nada más alejado de la verdad. Soy selectiva y cuidadosa de la persona con quien comparto mi intimidad. No niego haber tenido sexo casual. Por ello sé que es la experiencia más insatisfactoria que existe, habiéndome dejado vacía y más sola que al principio.
Conocer a un tipo en un bar, en una esquina cualquiera, en un lugar por ahi. Iniciar un flirteo apresurado, miradas insistentes. Cruzar un par de palabras y dirigirse a un privado a fornicar. Sí, fornicar. A un nivel instintivo, animal, simple apareamiento, cópula que busca satisfacer un primitivo llamado de la naturaleza, simple y grosero acto fisiológico de introducir un pene en una vagina. Luego del espasmo, solo queda vestirse… e irse. Sin preguntar su nombre siquiera. Ni recordarlo después. Sin besos, sin compartir, solo es una busqueda egoísta del placer individual.
¿Donde queda la seducción?
¿El cariño?
¿Compartir una charla después del orgasmo?
No juzgo a quienes tengan sexo casual en sus salidas de fin de semana. Simplemente yo no podría, ya no puedo. El sexo casual iría dejándome vacía poco a poco, no lo soportaría. Yo entrego parte de mi alma cuando hago el amor. Por ello elijo a un hombre por quien sienta algo, bien sea cariño, afinidad, amistad. Nunca un desconocido, nunca un “recien llegado”, nunca un tipo-lindo-del-chat. Siempre prefiero hacer el amor que tener sexo casual.


Has dado en el clavo, me ha pasado de otra forma pero atinaste, es como que al principio todo bien pero al final te sientes como usada, y te llega ese vacio en tu alma, es preferible no hacer nada y estar sola que volver a sentir esa terrible sensacion.
Experiencias que se llaman vivir.