Sexo en el matrimonio
A lo mejor es muy prematuro para mà ufanarme de no haber perdido la viveza sexual en mi matrimonio. Eustaquio y yo no hemos cumplido ni medio año de casados… pero nos comportamos como dos cómplices que aún sienten deseos de esconderse en el baño de una fiesta de amigos. O juguetear con nuestros pies en un restaurante público. O hacer cositas en el garaje, en el carro, en la terraza, sin importarnos nada, como dos adolescentes. Mi marido parece tener la misma desvergüenza sexual que tengo yo, nos encanta quedarnos solos en casa los domingos para retozar desnudos todo el dÃa, de forma natural, asà vivimos, asà nos amamos. Es para mà una fortuna haber conseguido un hombre con la suficiente potencia para dejarme satisfecha, con la suficiente hombrÃa para levantarme de la cama a media noche para hacer el amor, con la suficiente fuerza para beber de mi cuerpo insaciablemente. Es maravilloso pensar que ese hombre está a mi lado, que él es mi almohada, mi compañÃa, mi pareja, esa media naranja de la cual leà en mi juventud. Y espero estar con él para descubrir el sexo geriátrico, que a su lado, intuyo tampoco será decepcionante como decÃan que era el sexo en el matrimonio.


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