Soñando con ella
A punto de dormir, ya envuelto en un incipiente sopor, la siento subirse a horcajadas en mi… como suele hacerlo, baja su torso, poniendo sus dulces pezones en mi rostro aspero, que evito rozar con aquella suavidad de la piel de sus senos, para no lastimarla siquiera. Busco sus cónicos pezones y los saboreo lentamente, mientras ella inicia un ritmico movimiento de caderas sobre mÃ. Empiezo a despertar, me vuelvo de fierro, mi pene le rinde pleitesÃa a tanta belleza, poniendose erecto, levantandose ante ella. La tomo de la cintura y la levanto, ella es tan frágil, delicada, suave, liviana como una pluma, la levanto con mis manos acomodandola, de manera que su cuerpo se conecte al mio. Sentirme entrar en ella es glorioso, ella me recibe ardiendo como una llamarada, todo su cuerpo volátil hierve mientras la penetro. Sus movimientos hacen que sus senos como mandarinas dulces se mezan, visión que me excita, haciendome crecer aún más dentro de su caverna hirviente. Ella, jugosa, se contonea, sus labios enrojecen, al igual que sus mejillas, un rubor natural que ningún maquillaje podrÃa igualar, sus ojos brillantes parecen iluminar la habitación. Tomo sus senos entre mis manos, son del tamaño ideal, los tomo y los acaricio mientras ella gime, jadea como un animalillo herido, sin embargo sus quejidos son muestras de placer y gozo.
Su pelo negro azabache, liso, largo y aromático parece ondas que se extienden por toda la habitación. Y sus piernas interminables, de muslos torneados, firmes y suaves serpentean, aferrandose a mi. La pongo en la cama, quiero tener la dicha de ver su vientre, de beber de su vagina, de sentirla estremecerse a cada avance. Su cintura parece irreal, es tan frágil como reloj de arena, temo hacerle daño. Ella me mira, y yo la amo. Cuando tropiezo con su mirada, la amo más. Y cuando grita mi nombre al unÃsono que su pelvis vibra con el orgasmo que le he regalado, la amo más y más. 
Me queda solo recordar esos momentos, pues ella está muy lejos ahora, solo tengo su voz y una foto de sus ojos, pues su cuerpo desnudo ya lo tengo grabado en mi memoria, y con eso es suficiente para tenerla siempre presente, hasta que nos volvamos a reencontrar.


Yo también soñé contigo. ¡Te extraño mucho! Y no ha pasado ni la mitad del tiempo… no sé si pueda soportar la distancia, es horrible sin ti.